COMARCA DEL ARANDA. ZARAGOZA. ARAGÓN.

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Historia

Como atestiguan diversos yacimientos arqueológicos, la presencia humana en los valles de los ríos Aranda e Isuela se remonta al Neolítico. De la misma forma, numerosos asentamientos -Aratikos en Aranda, Tergakum en Tierga, Gotor, Oseja, Calcena, Trasobares...- certifican la presencia celtíbera y romana en el territorio. Sin embargo la historia de la comarca durante la Edad Antigua, muy ligada a la explotación de minas de hierro y plata, es poco conocida.

En la época islámica, sin embargo, el asentamiento de musulmanes en las riberas del Aranda y el Isuela fue muy importante y duradero. Tras la conquista de Zaragoza (1118) Alfonso I recibió el vasallaje de las localidades del territorio. La comarca quedó entonces como territorio fronterizo entre los reinos de Castilla y Aragón y los valles pasaron al control de nobles y órdenes militares y monásticas. Surgieron en el periodo las numerosas fortalezas que adornan los pueblos de la comarca y dos grandes linajes nobiliarios: los Luna, condes de Morata y los Ximénez de Urrea, condes de Aranda, marcaron su devenir, además de dejar para el historia el único Papa español, Benedicto XIII.

Como en la mayoría de territorios de la península, la Edad Moderna supone un importante declive económico y cultural. A la general recesión se sumó la expulsión de los moriscos (mudejares convertidos al cristianismo) que suponían más del 70% de la población de la comarca y el principal motor agrario y artesano. Illueca cobijó asimismo una importante comunidad sefardí.

La recuperación del territorio se produjo a mediados del siglo XX con el desarrollo de una importante industria del calzado que a pesar de vivir momentos de incertidumbre, sigue suponiendo la principal actividad económica.
La del Aranda fue la primera de las comarcas aragonesas en constituirse como tal. Y lo hizo a pesar de no estar incluída en la primera propuesta de comarcalización, donde figuraba como un territorio vinculado a Calatayud. Es la propia iniciativa de los ciudadanos, nacida de sus vínculos culturales, sociales y económicos, la que motiva la gestación del proyecto comarcal.

Personajes para la historia

Benedicto XIII, el Papa Luna

Nacido en el castillo de Illueca (Zaragoza) hacia 1328, Don Pedro Martinez de Luna fue el segundo hijo de Juan Martínez de Luna y de María Pérez de Gotor, familia ilustre y noble de la comarca del Aranda. Estudió Derecho Canónico en la Universidad de Montpellier, donde obtuvo el grado de doctor en Decretos y se dedicó a la docencia durante algún tiempo, abrazando la carrera eclesiástica que no abandonaría durante el resto de su larga y fructífera vida. El cardenal y Pontífice aragonés vivió hasta los 95 años y llegó a ser conocido como el Papa Luna. En 1934 adoptó el nombre de Benedicto XIII. Regentó sucesivas canonjías en Vich, Tarragona, Huesca y Mallorca. Canónigo de Cuenca, arcediano de Zaragoza y preboste de Valencia. Su alto linaje aragonés, la valía demostrada, y sus costumbres, le granjearon la confianza de la Curia romana e hizo que el Papa Gregorio XI se fijara en su persona, designándole cardenal-diácono. En 1377, don Pedro de Luna acompañó al Papa Gregorio a Roma; actitud que provocaría el comienzo del Cisma por la oposicion del clero francés. Su recio carácter y el prestigio personal adquirido, le convirtieron enseguida en figura de primer orden en la Iglesia, viéndose inmerso en la división de obediencias en el mundo cristiano. Don Pedro de Luna se inclinó por el Papa Clemente, poniéndose a su servicio en Aviñón y actuando en la Península Ibérica como legado pontificio ante los reyes de Castilla, Navarra, Portugal y Aragón. El sucesor de Pedro IV, Juan I, se inclinaría decididamente por el Papado aviñonés, afirmando la obediencia oficial a Clemente VII y designando a don Pedro de Luna como su ejecutor testamentario. La actividad del cardenal aragonés lo hizo famoso también fuera de la Corona de Aragón. Don Pedro de Luna significó el alma de la reforma de la disciplina eclesiástica aceptada en el concilio nacional de Palencia de 1388 por la fuerza de sus decretos irrefutables que fueron reconocidos, e incluso el propio Papa de Roma alabó su talento y sus méritos. Castilla aceptaría al Papa Clemente, pero éste no obtendría el mismo éxito en su legación ante buena parte de Francia, Flandes e Inglaterra.

La muerte de Clemente VII en 1394 colocaría de nuevo en primer plano a Pedro de Luna al ser elegido por veinte de los veintiún votos disponibles. El 22 de septiembre de 1394, con 66 años, el cardenal de Aragón fue elegido sumo Pontífice, con el nombre de Benedicto XIII. Los estados de la Corona de Aragón acogieron el triunfo de su paisano como una causa nacional, y el resto de los reinos europeos vieron en ello el inminente final del cisma por la honradez y prestigio del elegido. Las buenas intenciones de Benedicto XIII a este respecto quedaron ratificadas en el contenido de las múltiples bulas enviadas por su voluntad a los monarcas cristianos, en las que expresaba su sincero deseo de concluir con la división de la Iglesia. La obstinación de don Pedro de Luna en su postura provocó el apartamiento de los cardenales de Aviñón, hasta el punto de que tan sólo cinco de ellos le quedaron fieles. Permanecieron refugiados en la fortaleza papal durante cuatro años en los que la división de opiniones se diversificó llegando a permanecer encerrado en el palacio de la ciudad francesa hasta que el Rey de Aragón logró rescatar a Benedicto XIII. Tras la liberación, Benedicto XIII intentó acabar el cisma por «vía de justicia», acudiendo personalmente a Italia para entrevistarse con Inocencio VII, que había sucedido a Bonifacio IX; y otro tanto ocurriría con Gregorio XII, que, a su vez, sucedió a Inocencio VII.

Entre 1403-10 se pretendía conseguir la renuncia de Benedito XIII, pero se negó siempre a presentarla (de ahí el dicho "seguir en sus XIII") Sus más íntimos colaboradores iban muriendo, Fernández de Heredia, el obispo de Tarazona Pérez Calvillo, el duque de Orleáns y el rey Martín I el Humano, y otros lo abandonaban incapaces de seguir con firmeza. El monarca francés Carlos VI, apoyado por el clero y por la Universidad de París, volvió a retirarle el apoyo y le conminó a renunciar al Papado. La respuesta de Benedicto XIII fue excomulgar a quienes se oponían a sus derechos. Se traslado hasta la Península para organizar la elección de un rey para Aragón en el Compromiso de Caspe, a favor de la candidatura de Fernando I de Antequera. En 1417 el Concilio de Constanza puso fin y resolvió la sentencia contra él y lo puso como papa. Sin apoyo siquiera de Fernando I, se refugió en Peñíscola donde morirá creyéndose el legítimo ocupante del sodio pontificial el 23 de noviembre de 1422, su muerte será comunicada una vez que los cardenales que él mismo nombró se hubieron repartido el tesoro pontificio. Durante su aislamiento en el castillo de Peñíscola, el nuevo Papa Martín V le declaró hereje y lo excomulgó. El cadáver de Benedicto XIII fue trasladado hasta la casa familiar de Illueca por el capitán Don Rodrigo, su sobrino, pero a principios del siglo XVIII su cráneo acabó en el río Aranda de donde lo rescataron. Posteriormente volvieron a recuperarlo tras un rocambolesco robo en 1999. Financió numerosas obras dado su amor por las artes. Entre ellas destacan la construcción de la Catedral de La Seo de Zaragoza, los palacios de su familia López de Luna en Illueca y Daroca; las ampliaciones de la catedral de Huesca y Tarazona. Todos los trabajos los realizó con la estrecha colaboración del maestro de obras Mahoma Ramí, que son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Ricardo Horno Alcorta

Médico, periodista y político. Nació en Illueca el 4 de octubre de 1883 y falleció en Zaragoza el 15 de abril de 1948. Hijo de un modesto empleado de la Recaudación de Contribuciones. Cursó estudios primarios en la escuela municipal de Illueca, continuó su formación en Zaragoza, y posteriormente se instruyó en Medicina en 1900 licenciándose con un brillante expediente seis años después. Ejerció la medicina rural en Lecumberri (Navarra) y en El Burgo de Ebro (Zaragoza). En 1909 se instaló en Zaragoza y contrajo matrimonio con Luisa Liria del Cacho. Dos años más tarse obtendría el doctorado en Madrid y despúes plaza de profesor auxiliar de Ginecología y Obstetricia de Cádiz. Más tarde se traslada a la capital aragonesa donde explicaría materias como profesor encargado hasta 1932, año en que solicita la excedencia para viajar por el extranjero. Durante este tiempo completaría su formación con los profesores Fauré, Opitz, Bumm, Waruekros, Forgue y Weibel. Treinta y tres años más tarde ocuparía el cargo de presidente de la Real Academia de Medicina.

Perteneció a numerosas corporaciones científicas, fue miembro de la Sociedad Francesa de Ginecología y de la de Medicina de París, de la Ginecológica Española, socio de honor del instituto de Medicina Práctica de Barcelona y de la Academia Médico Quirúrgica de San Sebastián. Fue presidente de honor del primer Congreso internacional de la TubercuIosis de Barcelona, del Hispano-Portugués de Obstetricia y Ginecología y del primero de cirugía estética de París. Organizó en 1932 -y posteriormente, en 1943- con gran éxito las Jornadas Médicas Aragonesas.

Periodista por vocación, fue escritor prolífico de trabajos originales, traducciones, estudios críticos y artículos diversos. Fundó, en 1905, 'Clínica y Laboratorio', revista científica de gran calidad y difusión, que le sobrevivió. También creó y dirigió hasta 1936 una publicación quincenal, Opinión Médica. Otra publicación también creada y dirigida por él, aunque de menor duración, fue La Mujer y el Niño. Fue presidente honorario de la Asociación Nacional de Escritores Médicos, de la Asociación Nacional de la Prensa Médica en Zaragoza, y presidente de la Asociación de Prensa Médica Española. En el extranjero fue nombrado vicepresidente del comité permanente de la Presse Medicale Latina.

En política fue monárquico; su actividad se inició presidiendo el grupo Juventud Maurista, y más tarde sería presidente del Partido Conservador en Zaragoza, de Antonio Maura. Dirigió el periódico político Lealtad. En 1915 fue elegido diputado provincial por los distritos electorales de Calatayud y Ateca. En el gobierno de Maura de 1919 fue nombrado delegado regio de Primera Enseñanza en Zaragoza, con categoría de jefe superior de Administración. Fue concejal y posteriormente alcalde de la Ciudad, en momentos difíciles, impulsando los proyectos de pavimentación, reorganización de la beneficencia municipal y erección del edificio de Correos. Creó la Obra Maternal de la Hermandad del Santo Refugio y cesó en la alcaldía, con todo su ayuntamiento, en protesta contra la huelga de 1920. Durante la República fue presidente del partido monárquico Renovación Española, en Zaragoza. Estaba en posesión de las Cruces de Beneficencia, Isabel la Católica, y Sanidad.

Lope Fernández de Luna y de Aragón

Arzobispo de Zaragoza con enorme influencia en los asuntos del reino de Aragón. Hijo de Lope y de Violante de Aragón (hija de Juan II el Justo), una de las familias nobiliarias de la actual comarca del Aranda. Designado por Pedro IV para disponer lo necesario para la guerra contra Pedro I de Castilla en 1348. En 1361 se firmaría el tratado de paz de Terrer que supuso la devolución de las plazas ocupadas por los castellanos. El arzobispo don Lope Fernández de Luna se encargó de defender las fronteras del reino de Aragón de los ataques castellanos desempeñando el cargo de capitán general. Para tal designio mandó construir el castillo-palacio de Mesones de Isuela, edificio que empleó como residencia palacial albergando en su interior una cripta con dos capilla-funeraria, que serviría de panteón familiar. De las dos cruces que donó a la catedral de La Seo de Zaragoza, los reyes aragoneses juraron sobre una de ellas los Fueros de Aragón. El soberbio sepulcro construido en La Seo de Zaragoza y fundado en honor a San Miguel, lugar donde está enterrado, fue convertido en capilla real.

Severino Aznar y Embid

Vecino de Tierga, nació en esta localidad en 1870 y falleció a la edad de 89 años. Realizó sus estudios desde 1883 a 1893 en el Seminario de Zaragoza y al año comenzó la carrera de Filosofía y Letras al tiempo que empieza a realizar sus primeros trabajos como periodista que concluirá con el doctarado en Madrid. Por uno de esos trabajos, un cuento con intenciones políticas, será desterrado unos años en Burdeos donde prosiguió ambas dedicaciones. A su vuelta a España decide integrarse al grupo católico social donde lleva a cabo una activa labor. En 1907 funda en Zaragoza con Inocencio Jiménez, Salvador Minguijón y José Latre 'La Paz Social', revista propagandística del sindicalismo católico. Una Colección, la Biblioteca Ciencia y Acción completarán las creaciones desarrolladas. Siete años más tarde fue nombrado asesor social del joven Instituto Nacional de Previsión y dos años más tarde ocuparía la cátedra de Sociología de la Facultad de Filosofía de Madrid. Fue uno de los iniciadores de la moderna sociología española y cabeza del grupo demócrata cristiano. Su condición de conservador radica en la mezcla entre cuestiones religiosas y políticas y progresista en cuestiones sociales. En su afán por mejorar todo aquello que le rodea, por desarrollar prácticas sociales, instalará un generador en el molino harinero para la conducción de electricidad, la construcción de un depósito de agua y la edificación de las escuelas públicas en Tierga, su localidad natal.

En 1921 funda el «Grupo de la Democracia Cristiana», con I. Jiménez, S. Minguijón, Arboleya..., lo que será la vanguardia del catolicismo social. Aunque publicaron el semanario Renovación Social, e integró del malogrado Partido Social Popular, sus actividades se desarrollaron por otros lares. Nombrado director general de Previsión durante el primer gobierno de Franco, cargo desde el que trabajó en la redacción de un proyecto de ley de subsidios familiares. En la postguerra, fue nombrado director del Instituto Balmes de Sociología, donde realizó numerosos estudios demográficos y sobre la familia. Sus Obras Completas han sido recogidas en la colección Ecos del Catolicismo social en España y han sido publicadas por el Instituto de Estudios Políticos (1946-1951).

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